jueves, 30 de julio de 2015

Christian Bobin: Mi soledad es una gracia más que una maldición.

La capacidad de estar solo es acaso ¿una falta de adaptación al mundo o la realización de uno mismo? Para el profesor de filosofía, autor de Le Très-Bas ( El Bajísimo), no hay que formular la pregunta: es un solitario feliz que ignora el aburrimiento y conoce la plenitud.
Entrevista de Marie Solemne.
Christian Bobin, profesor de filosofía, después de ser un enfermero psiquiátrico, se da a conocer en 1985 con  Souveraineté du vide ,Gallimard , (Soberanía del vacío). Con Le Très-Bas(Gallimard,1992), un ensayo sobre la vida  de San Francisco de Asís, irrumpe el fenómeno Bobin.
De Christian Bobin, conocemos sobre todo que huye de lo mundano y que prefiere explorar el silencio. Ha consagrado su vida y su obra a sus temas preferidos: el vacío, la naturaleza, la infancia; las “pequeñas cosas” como él las llama. A la soledad la conoce mejor que nadie. La busca: Más, todavía, tras la brutal pérdida de su amiga en pleno verano de 1995. Un duelo que narra en La Plus que vive, Gallimard, 1996 ( La Vivísima).
Marie de Solemne le ha entrevistado recientemente para “ La Grâce de la Solitude” (diálogos entre Marie Solemne  y Christian Bobin, Jean Michel besnier, Théodore Monod, Dervy. “A vive voix”, 1998, el poeta se interroga sobre el origen y las consecuencias  de este sentimiento que, junto al estado amoroso, es sin duda el más compartido del mundo.
Marie de Solemne: ¿Para usted la soledad es más una gracia que una maldición?
Primero, hablaría más de su materialidad. Antes de ser un estado mental o afectivo, la soledad es materia. Por ejemplo, es materia lo que tengo ahora mismo delante de mis ojos. Son las diez de la noche, está oscuro. El cielo no está totalmente negro; hay silencio -el silencio también  es muy material- un pequeño apartamento en el que vivo desde hace  unos quince años, pitillos- no puedo dejar de fumar-, libros- que no puedo dejar de abrir. En el fondo, curiosamente, la soledad está muy habitada. La soledad es en primer lugar eso: un estado material. No viene nadie. Nadie viene donde tú estás.  Quizás ni tan siquiera uno mismo.
Pero para responder a su pregunta, la soledad es más una gracia que una maldición. Por mucho que otros la vivan de otra manera. Hay dos tipos de soledad…. Una mala. Una soledad oscura, pesada. Una soledad de abandono; en donde te sientes abandonado… quizás desde siempre. No es de esta soledad de la que yo hablo en mis libros. No es la que yo habito y no es a la que quiero ir, aunque, como todos, la conozco. Es la otra soledad la que yo amo y es de ésta otra de la que me he enamorado.
-¿Existen realmente dos formas de soledad, o la soledad cambia en función de cómo se la mire?
Creo que para vivir- porque no se puede pasar esta vida sin vivir, y es sin duda un estado peor que el de la muerte-… se necesita que te hayan mirado por lo menos una vez, que te hayan querido por lo menos una vez, que te hayan cargado por lo menos una vez. Y después, cuando se te ha dado esto, puedes estar solo. La soledad ya no es mala. Aunque no te hayan cargado, aunque no te amen ya, aunque no te miren ya, lo dado, dado de verdad, una vez, se queda para siempre. En ese momento puedes dirigirte hacia la soledad como una golondrina se dirige al cielo.
-Soledad y aislamiento son dos términos que a veces se confunden, pero que ni el diccionario ofrece gran diferencia de sentido. ¿Qué matiz le inspiran estas dos palabras?
  En la soledad de la que hablaba aquí, en este momento, no hay aislamiento. No creo ser un salvaje, pero puedo y me gusta, estar días enteros sin ver a nadie. Percibo la mayor parte de estas horas y de estos días como días y horas de plenitud en las que me siento religado a, exactamente, todo.
-El amor y la soledad no están tan alejados…..
Tan poco alejados que uno de los más bellos títulos de la poesía es el de                Eluard: L´amour et la solitude (El amor y la soledad). El amor y la soledad no están separados ni por una coma. El amor y la soledad son como los dos ojos del mismo rostro. No están separados. Digo esto, ahora con 45 años… Me han hecho falta muchos años, mucho tiempo para llegar a entender estas cosas…. Curiosamente, han sido algunas personas, algunos encuentros, los que me han dado soledad. Es un  don que se me ha dado.
-¿Es para usted la soledad sinónimo de paz?
Sí….Sí, pero no es siempre fácil. Tiene sus momentos de languidez. Tiene sus solares. Para expresarlo más correctamente, y hasta de un modo un poco chistoso- donde soy yo el que desempeña el papel del personaje cómico_ un ejemplo: no tengo televisión, y no quiero tenerla, hasta tengo la impresión de que es un lujo. Vivir en soledad es un lujo, vivir en silencio es un lujo. No deseo, por lo tanto, tener imágenes aquí, para tener paz, pero esto no implica que ignore e lo que pasa en el mundo, ya que leo muchos periódicos y escucho mucho la radio.
-¿No será para rellenar el tiempo?
Quizás haya un poco de eso. Es para encontrarme. Es para prepararme para ese momento, en el que, eso que usted llama la gracia, va a llegar. Espero eso todos los días. A veces llega casi al final, en el extremo del día. Cuando puedo pensar que está todo perdido. Cuando puedo pensar que en esta jornada pastosa, pesada, no ha nacido. Un día en el que yo no he nacido, en la que yo no he estado ahí en absoluto. Pero la mayor parte del tiempo, porque habrá días como este, como piedras,  llega algo que pertenece a la categoría del milagro. Basta con esperar. Basta con dejar pasar la pesadez del tiempo y de uno mismo en el tiempo, esta pesadez que es uno mismo. Y ese estado se me puede dar a través de todo lo que existe. Todo lo que está ahí, hasta lo que conozco en este pequeño apartamento. Pero sólo en ciertas horas, ciertos momentos. Tengo que tener paciencia, atravesar zonas muertas. Y mientras las atravieso leo artículos de tres o cuatro páginas muy detalladas sobre, por ejemplo, economía, la etapa ciclista del Tour,etc..
-¿No es la soledad un refugio? Un refugio donde persiste  un cierto miedo…
No sé si la soledad es un refugio. Pero me hiere que la soledad se pueda calificar como éticamente egoísta, o de protección, de refugio. Es cierto que paso un tiempo considerable de mi vida en una cierta protección, preservación. Preservación de uno mismo o quizás  más de uno mismo. Y sería deshonesto si hablara de soledad haciendo un impase en esta necesidad animal de retirarse, de evitar el encuentro. De preservar algo…sí, hay una gran parte de mi vida así. Pero si no hubiera un contrapeso, nos dirigiríamos a una fuga autista. Hay una parte aparentemente pasiva, silenciosa, en la que no se actúa, casi un corte. Lo que no me impide decirle que en la soledad yo no experimento las cosas separadamente; lo cual es cierto. Las dos cosas son verdaderas y a veces simultáneamente ciertas. Sencillamente estoy religado de otra manera. Estoy religado de otro modo que no es por lazos consagrados, los lazos del día, los lazos oficiales. Estoy religado de un modo que sería difícil de explicar. Un modo de donde vienen, sin duda, los libros, la escritura. Existe, sin duda, un estado paradójico en la soledad que yo he podido comprobar.
-En las sociedades antiguas, la soledad estaba incondicionalmente ligada a la sabiduría y ahora al solitario se le mira como a un ser marginal. ¿Por qué tanta diferencia?
El estado de soledad está ligado a esta cosa espantosa del aburrimiento. Tengo un problema para entender esto porque, personalmente, cuando sufro más es cuando, por ejemplo me piden ir a París. ¿Por qué se ve a la soledad como una miseria?¿ Por qué suscita un pensamiento de miseria y un reflejo de huida. Me resulta tan difícil  hablar de esto  porque lo vivo de otra manera; aunque no sea siempre fácil vivirlo. El gran misterio de la vida son para mí….¡¡¡¡las parejas!!!!! Aparentemente es como vive la mayoría de la gente…. No debe ser tan complicado…. Pero, para mí, me digo  “¡¡Oh!!!à là”…. ¿Cómo se puede vivir en pareja?... Puede que sea el punto de vista de un célibe, pero a veces me pregunto si la gran soledad, en el sentido sufriente, pasivo, no se encuentra ahí, en las parejas, en medio de la pareja. Me pregunto a veces si la soledad no está en medio del mundo…. Es mucho peor.
-¿Cree usted, que en nuestra soledad, Dios está sentado cerca de nosotros?¿Que existe una presencia invisible pero que se manifiesta en pequeños episodios, que hace que esta soledad pueda tener sentido?
Creo que nunca nos abandona, nunca, nunca, nunca…. Nunca. Sin embargo no es algo que yo percibo. Sólo percibo lo humano. Todo el tiempo. Aunque “esto” pase a través de lo humano, sigue siendo humano. Como una frase que me viene y que es terrestre; como una ocasión que se me concede o una sorpresa que me llega y que está totalmente encarnada, en alguien real que me la da. Esto es una creencia mía que es inextirpable. Creo que nunca, nunca, nunca nos abandonan.


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