Christian Bobin: Mi soledad es una
gracia más que una maldición.
La capacidad de estar solo es acaso
¿una falta de adaptación al mundo o la realización de uno mismo? Para el
profesor de filosofía, autor de Le Très-Bas ( El Bajísimo), no hay que formular
la pregunta: es un solitario feliz que ignora el aburrimiento y conoce la
plenitud.
Entrevista
de Marie Solemne.
Christian
Bobin, profesor de filosofía, después de ser un enfermero psiquiátrico, se da a
conocer en 1985 con Souveraineté
du vide ,Gallimard ,
(Soberanía del vacío). Con Le Très-Bas(Gallimard,1992), un ensayo sobre la
vida de San Francisco de Asís, irrumpe
el fenómeno Bobin.
De Christian
Bobin, conocemos sobre todo que huye de lo mundano y que prefiere explorar el
silencio. Ha consagrado su vida y su obra a sus temas preferidos: el vacío, la
naturaleza, la infancia; las “pequeñas cosas” como él las llama. A la soledad
la conoce mejor que nadie. La busca: Más, todavía, tras la brutal pérdida de su
amiga en pleno verano de 1995. Un duelo que narra en La
Plus que vive,
Gallimard, 1996 ( La Vivísima).
Marie de
Solemne le ha entrevistado recientemente para “ La Grâce de la Solitude”
(diálogos entre Marie Solemne y
Christian Bobin, Jean Michel besnier, Théodore Monod, Dervy. “A vive voix”,
1998, el poeta se interroga sobre el origen y las consecuencias de este sentimiento que, junto al estado
amoroso, es sin duda el más compartido del mundo.
Marie de Solemne: ¿Para usted la
soledad es más una gracia que una maldición?
Primero,
hablaría más de su materialidad. Antes de ser un estado mental o afectivo, la
soledad es materia. Por ejemplo, es materia lo que tengo ahora mismo delante de
mis ojos. Son las diez de la noche, está oscuro. El cielo no está totalmente
negro; hay silencio -el silencio también
es muy material- un pequeño apartamento en el que vivo desde hace unos quince años, pitillos- no puedo dejar de
fumar-, libros- que no puedo dejar de abrir. En el fondo, curiosamente, la
soledad está muy habitada. La soledad es en primer lugar eso: un estado
material. No viene nadie. Nadie viene donde tú estás. Quizás ni tan siquiera uno mismo.
Pero para
responder a su pregunta, la soledad es más una gracia que una maldición. Por
mucho que otros la vivan de otra manera. Hay dos tipos de soledad…. Una mala. Una
soledad oscura, pesada. Una soledad de abandono; en donde te sientes
abandonado… quizás desde siempre. No es de esta soledad de la que yo hablo en
mis libros. No es la que yo habito y no es a la que quiero ir, aunque, como
todos, la conozco. Es la otra soledad la que yo amo y es de ésta otra de la que
me he enamorado.
-¿Existen realmente dos formas de
soledad, o la soledad cambia en función de cómo se la mire?
Creo que
para vivir- porque no se puede pasar esta vida sin vivir, y es sin duda un
estado peor que el de la muerte-… se necesita que te hayan mirado por lo menos
una vez, que te hayan querido por lo menos una vez, que te hayan cargado por lo
menos una vez. Y después, cuando se te ha dado esto, puedes estar solo. La
soledad ya no es mala. Aunque no te hayan cargado, aunque no te amen ya, aunque
no te miren ya, lo dado, dado de verdad, una vez, se queda para siempre. En ese
momento puedes dirigirte hacia la soledad como una golondrina se dirige al
cielo.
-Soledad y aislamiento son dos
términos que a veces se confunden, pero que ni el diccionario ofrece gran
diferencia de sentido. ¿Qué matiz le inspiran estas dos palabras?
En la soledad de la que hablaba aquí, en este
momento, no hay aislamiento. No creo ser un salvaje, pero puedo y me gusta,
estar días enteros sin ver a nadie. Percibo la mayor parte de estas horas y de
estos días como días y horas de plenitud en las que me siento religado a,
exactamente, todo.
-El amor y la soledad no están tan
alejados…..
Tan poco
alejados que uno de los más bellos títulos de la poesía es el de Eluard: L´amour
et la solitude (El amor y la soledad). El amor y la soledad no están
separados ni por una coma. El amor y la soledad son como los dos ojos del mismo
rostro. No están separados. Digo esto, ahora con 45 años… Me han hecho falta
muchos años, mucho tiempo para llegar a entender estas cosas…. Curiosamente,
han sido algunas personas, algunos encuentros, los que me han dado soledad. Es
un don que se me ha dado.
-¿Es para
usted la soledad sinónimo de paz?
Sí….Sí, pero no es siempre fácil. Tiene sus momentos de languidez. Tiene
sus solares. Para expresarlo más correctamente, y hasta de un modo un poco
chistoso- donde soy yo el que desempeña el papel del personaje cómico_ un
ejemplo: no tengo televisión, y no quiero tenerla, hasta tengo la impresión de
que es un lujo. Vivir en soledad es un lujo, vivir en silencio es un lujo. No
deseo, por lo tanto, tener imágenes aquí, para tener paz, pero esto no implica
que ignore e lo que pasa en el mundo, ya que leo muchos periódicos y escucho
mucho la radio.
-¿No será
para rellenar el tiempo?
Quizás haya un poco de eso. Es para encontrarme. Es para prepararme para
ese momento, en el que, eso que usted llama la gracia, va a llegar. Espero eso
todos los días. A veces llega casi al final, en el extremo del día. Cuando
puedo pensar que está todo perdido. Cuando puedo pensar que en esta jornada
pastosa, pesada, no ha nacido. Un día en el que yo no he nacido, en la que yo
no he estado ahí en absoluto. Pero la mayor parte del tiempo, porque habrá días
como este, como piedras, llega algo que
pertenece a la categoría del milagro. Basta con esperar. Basta con dejar pasar
la pesadez del tiempo y de uno mismo en el tiempo, esta pesadez que es uno
mismo. Y ese estado se me puede dar a través de todo lo que existe. Todo lo que
está ahí, hasta lo que conozco en este pequeño apartamento. Pero sólo en
ciertas horas, ciertos momentos. Tengo que tener paciencia, atravesar zonas
muertas. Y mientras las atravieso leo artículos de tres o cuatro páginas muy
detalladas sobre, por ejemplo, economía, la etapa ciclista del Tour,etc..
-¿No es la
soledad un refugio? Un refugio donde persiste un cierto miedo…
No sé si la soledad es un refugio. Pero me hiere que la soledad se pueda
calificar como éticamente egoísta, o de protección, de refugio. Es cierto que
paso un tiempo considerable de mi vida en una cierta protección, preservación.
Preservación de uno mismo o quizás más
de uno mismo. Y sería deshonesto si hablara de soledad haciendo un impase en esta
necesidad animal de retirarse, de evitar el encuentro. De preservar algo…sí,
hay una gran parte de mi vida así. Pero si no hubiera un contrapeso, nos
dirigiríamos a una fuga autista. Hay una parte aparentemente pasiva,
silenciosa, en la que no se actúa, casi un corte. Lo que no me impide decirle
que en la soledad yo no experimento las cosas separadamente; lo cual es cierto.
Las dos cosas son verdaderas y a veces simultáneamente ciertas. Sencillamente
estoy religado de otra manera. Estoy religado de otro modo que no es por lazos
consagrados, los lazos del día, los lazos oficiales. Estoy religado de un modo
que sería difícil de explicar. Un modo de donde vienen, sin duda, los libros,
la escritura. Existe, sin duda, un estado paradójico en la soledad que yo he
podido comprobar.
-En las
sociedades antiguas, la soledad estaba incondicionalmente ligada a la sabiduría
y ahora al solitario se le mira como a un ser marginal. ¿Por qué tanta
diferencia?
El estado de soledad está ligado a esta cosa espantosa del aburrimiento.
Tengo un problema para entender esto porque, personalmente, cuando sufro más es
cuando, por ejemplo me piden ir a París. ¿Por qué se ve a la soledad como una
miseria?¿ Por qué suscita un pensamiento de miseria y un reflejo de huida. Me
resulta tan difícil hablar de esto porque lo vivo de otra manera; aunque no sea
siempre fácil vivirlo. El gran misterio de la vida son para mí….¡¡¡¡las
parejas!!!!! Aparentemente es como vive la mayoría de la gente…. No debe ser
tan complicado…. Pero, para mí, me digo
“¡¡Oh!!!à là”…. ¿Cómo se puede vivir en pareja?... Puede que sea el
punto de vista de un célibe, pero a veces me pregunto si la gran soledad, en el
sentido sufriente, pasivo, no se encuentra ahí, en las parejas, en medio de la
pareja. Me pregunto a veces si la soledad no está en medio del mundo…. Es mucho
peor.
-¿Cree
usted, que en nuestra soledad, Dios está sentado cerca de nosotros?¿Que existe
una presencia invisible pero que se manifiesta en pequeños episodios, que hace
que esta soledad pueda tener sentido?
Creo que nunca nos abandona, nunca, nunca, nunca…. Nunca. Sin embargo no
es algo que yo percibo. Sólo percibo lo humano. Todo el tiempo. Aunque “esto”
pase a través de lo humano, sigue siendo humano. Como una frase que me viene y
que es terrestre; como una ocasión que se me concede o una sorpresa que me
llega y que está totalmente encarnada, en alguien real que me la da. Esto es
una creencia mía que es inextirpable. Creo que nunca, nunca, nunca nos
abandonan.