La JMJ que yo viví.
Esta mañana viendo por la televisión la misa del Papa en Cracovia, he vuelto a revivir lo que fue la JMJ de Madrid.
El calor, el color, las risas y el buen "rollo" que invadieron las calles de esta ciudad, llamando la atención de bares, supermercados y gente de la calle admirados por ver a estos jóvenes educados, cariñosos y atentos que habían inundado la villa.
Cuando me hablaron de la JMJ, me dije " no dejes pasar este tren porque seguro que no vuelve a pasar". Mi voluntariado lo viví en tres dimesiones distintas, y cada cual más enriquecedora.
Por un lado, como traductora en un CAP (centro de Acogida de Peregrinos): largas colas de personas venidas de todo el mundo, con diferentes problemas: algunos venían de zonas donde no había internet y no habían podido mandar la documentación. Caso de un grupo de Papúa Nueva Guinea. Se les daba mapas de Madrid, tickets metrobus, tickets comedor, e información de todos los actos que se celebraban en Madrid para festejar el evento: (cines, teatros, museos, conciertos..) y toda la programación religiosa.
Torre de Babel: se me dio el caso de hablar al mismo tiempo con tres personas en tres idiomas diferentes. Había que estar muy rápida de reflejos. Fueron generosos con nuestras limitaciones y al final, con nuestro agotamiento. Hubo voluntarios que pasaron tanto tiempo en los CAP que sólo vieron eso de la JMJ.
Mi segundo voluntariado fue acogiendo en mi casa a dos chicas neoyorkinas. Se iban por la mañana, después de desayunar, y se llevaban una bolsa con frutas variadas que yo les preparaba. Volvían por la noche y mientras cenábamos poníamos lavadoras y comentábamos sus impresiones del día. Su mentalidad era muy conservadora, bastante distinta de la mayoría de los jóvenes españoles. Los primeros días me limitaba a escucharles, luego les empecé a contar la situación actual de España.
Eran educadas y respetuosas y el último día me invitaron a cenar tras una visita al Prado. Hoy en día, mantengo contacto con ellas. Una se casó y tiene un bebé recién nacido y la otra canta, tiene una voz increíble, en eventos relacionados con la iglesia de Nueva York.
Conocí a chicos de su grupo que estaban alojados en casas de amigos y que dejaron una buenísima impresión.
Mi tercer voluntariado fue el de encargarme de recoger a los tres obispos asignados a mi parroquia, conducirles a ésta y llevarles de vuelta a sus hoteles facilitándoles lo que necesitaran.
El impacto al tratarles de cerca fue grande. Descubrí a unos seres humanos cariñosos, cercanos y mucho más sencillos de lo que creía.
El día que me tocó el Cardenal Maradiaga, hondureño y por entonces encargado de Cáritas Internacional, fue todo un acontecimiento. Primero porque por no tener, no tenía ni secretario.. ¡¡¡por lo que nos fue imposible contactar con él ( el secretario, se entiende)!!! Se sube al coche y nos pide perdón por no llevar sotana. Nos explica que el Cardenal Rouco les había pedido que la llevaran pero como en Madrid hace tanto calor, la tenía muy usada. A lo que nosotros le contestamos "Nos gusta más así". Todas las advertencias que nos habían dado por ser una persona perseguida y amenaza por los cárteles de la droga, se desvanecen a los cinco minutos por su tranquilidad y naturalidad.
El cariño que tienen los jóvenes hondureños a su cardenal nos llevó a una situación de "cuasi pánico" cuando vimos las riadas de peregrinos que se dirigían hacia nuestra parroquia por las calles adyacentes, portando sus estandartes y banderas. Al final y saltándonos los consejos de dejar pasillos libres, etc, etc, y con todas las puertas abiertas de par en par, porque al calor natural de agosto hubo que añadirle el calor humano del entusiasmo, la emoción y la alegría desbordante.
¡¡Y qué decir de cuando se arranca a cantar " Ápostol Pablo" una canción creada por él!!!!!. Todavía no sé cómo salimos enteros de ahí. Esa mañana repartimos 3000 botellas de agua y aún así tuvimos algún que otro mareo.
Luego se le ocurre ir a comer con las monjas de la residencia adjunta a la parroquia. Pobrecitas. El menú consistía en puré de patata y tortilla francesa. ¡¡No esperaban tan ilustre invitado!!! Cuando le recogimos para llevarle de vuelta al hotel, entró en el coche, se sentó y.. se durmió... ¡¡¡ Agotado!!! No me extraña.
A cuántas personas no creyentes escuché emocionadas, por lo que " habían visto sus ojos y escuchado sus oídos" esos día en Madrid.
Agradecí y agradezco a mis curas que contaron conmigo y confiaron en mi, brindándome la oportunidad de vivir la JMJ tan de cerca
.
Ee
domingo, 31 de julio de 2016
martes, 12 de abril de 2016
¿Qué puedo
hacer por ti?
Qué puedo
hacer por ti madre siria que recoges tus escasas pertenencias y abandonas a tu
familia, a tu hogar, a tu país para evitar que tus hijos sigan viviendo en el
horror de las matanza más atroces, del
ruido ensordecedor de la bombas, del hambre y de la miseria.
Qué puedo
hacer por ti que caminas aguantando el frío, el hambre y el dolor de ver cómo a
tus hijos se les congelan los dedos y se los tienen que amputar. A ti que sacas
fuerzas de flaqueza para animar a tus hijos a seguir caminando cuando lloran de
cansancio y de debilidad.
Qué puedo
hacer por ti que cruzas vadeando ríos con aguas heladas que te llegan a la
cintura cargando a tus hijos en brazos para evitarles dificultades.
Qué puedo
hacer por ti que atraviesas alambradas y saltas muros evitando que tus hijos se
arañen y se hieran.
Qué puedo
hacer por ti que cuando llegas a los campamentos de Idomeni, de Moria o de
Lesbos y tenéis que dormir bajo la lluvia, en el suelo encharcado y embarrado y
donde a pesar de todo cuando amanece los niños siguen jugando.
Qué puedo
hacer por ti que a pesar de la indiferencia de los que os podíamos ayudar
sigues animando a tus hijos haciéndoles creer
que les espera un mañana mejor.
Qué puedo
hacer por ti cuando os deportan y os devuelven a Turquía porque así nos
quitamos un problema de encima.
¿Qué puedo
hacer por ti?
Dímelo,
porque yo no lo sé.
martes, 8 de marzo de 2016
Tardes con ancianos: compartiendo,
cuidando, escuchando....
Todas las
tardes de cinco a ocho un grupo de voluntarias nos encargamos de un conjunto de
mayores en mi parroquia. Se creó al ver las necesidades de acompañamiento y de
escucha, para combatir la soledad.
La media de
edad es bastante alta y en su mayoría son mujeres aunque hay algún que otro
matrimonio.
Lo que más
les gusta es jugar a las cartas: el julepe, el cinquillo, la brisca. Les
preparamos las mesas con sus tapetes y sus barajas. Luego organizamos la
merienda: café con leche, magdalenas, galletas... Teniendo cuidado de que la
leche sea descremada y los dulces sin azúcar.
Casi siempre
entorno a la comida surgen las conversaciones más interesantes. Te cuentan sus
vidas, sus infancias difíciles en una España de muchas carencias, donde se pasó
mucha hambre y se trabajaban largas horas. Aprendemos mucho de la vida en los
pueblos, del campo y sus estaciones: plantar, fumigar, segar, regar cosechar,
vendimiar.... En muchos rostros las horas aire libre, el sol y el frío han
dejado sus surcos.
Las pérdidas
de sus familiares y las más difíciles y dolorosas, aquellas de los hijos que
partieron antes de tiempo. Escuchar con atención, que se sientan acogidos;
tocar, unir las manos y a veces acariciar.
Cuando llega
la Navidad les preparamos una fiesta: hacemos canapés, tortillas, sandwiches,
los dulces y la sidra para brindar.
Nos ponemos
todas guapas. La ocasión lo merece. Buscamos música española y por supuesto
villancicos. Para algunas ésta es la única fiesta que van a tener. Están
emocionadas, sobre todo las que han tenido pérdidas recientes. Pero con la
música, la escucha y el calor que reciben, vuelven a sus infancias. Te hablan de
sus familias, cómo celebraban las fiestas, sus travesuras y sus primeros
amores. Pocos años de colegio puesto que había que ayudar en casa. Empiezan
llorando y acabamos todos riendo porque sus infancias, a pesar de las
dificultades, las recuerdan felices y con mucho cariño.
Alguna con
la memoria un poco perdida, ha vuelto a su Valladolid natal, a la tienda
familiar de retales, y te enseña sus ropas y luego que te pide que la acompañes
al baño porque se quiere colocar bien la enagua que le sobresale del vestido. Y
tú la coges del brazo con todo el cariño y la llevas donde te ha pedido, y la
pones toda guapa y ella ríe y ríe porque le has proporcionado una tarde feliz y en su viaje al pasado se han encontrado con
más alegrías que penas.
Se van con
sus regalos, contentas y agradecidas porque saben que hay un lugar para ellas
donde se sienten queridas, valoradas y apreciadas. Un lugar donde reposar.
sábado, 27 de febrero de 2016
Tardes con ancianos: compartiendo,
cuidando, escuchando....
Todas las
tardes de cinco a ocho un grupo de voluntarias nos encargamos de un conjunto de
mayores en mi parroquia. Se creó al ver las necesidades de acompañamiento y de
escucha, para combatir la soledad.
La media de
edad es bastante alta y en su mayoría son mujeres
aunque hay algún que otro
matrimonio.
Lo que más
les gusta es jugar a las cartas: el julepe, el cinquillo, la brisca. Les
preparamos las mesas con sus tapetes y sus barajas. Luego organizamos la
merienda: café con leche, magdalenas, galletas... Teniendo cuidado de que la
leche sea descremada y los dulces sin azúcar.
Casi siempre
entorno a la comida surgen las conversaciones más interesantes. Te cuentan sus
vidas, sus infancias difíciles en una España de muchas carencias, donde se pasó
mucha hambre y se trabajaban largas horas. Aprendemos mucho de la vida en los
pueblos, del campo y sus estaciones: plantar, fumigar, segar, regar cosechar,
vendimiar.... En muchos rostros las horas aire libre, el sol y el frío han
dejado sus surcos.
Las pérdidas
de sus familiares y las más difíciles y dolorosas, aquellas de los hijos que
partieron antes de tiempo. Escuchar con atención, que se sientan acogidos;
tocar, unir las manos y a veces acariciar.
Cuando llega
la Navidad les preparamos una fiesta: hacemos canapés, tortillas, sandwiches,
los dulces y la sidra para brindar.
Nos ponemos
todas guapas. La ocasión lo merece. Buscamos música española y por supuesto
villancicos. Para algunas ésta es la única fiesta que van a tener. Están
emocionadas, sobre todo las que han tenido pérdidas recientes. Pero con la
música, la escucha y el calor que reciben, vuelven a sus infancias. Te hablan de
sus familias, cómo celebraban las fiestas, sus travesuras y sus primeros
amores. Pocos años de colegio puesto que había que ayudar en casa. Empiezan
llorando y acabamos todos riendo porque sus infancias, a pesar de las
dificultades, las recuerdan felices y con mucho cariño.
Alguna con
la memoria un poco perdida, ha vuelto a su Valladolid natal, a la tienda
familiar de retales, y te enseña sus ropas y luego que te pide que la acompañes
al baño porque se quiere colocar bien la enagua que le sobresale del vestido. Y
tú la coges del brazo con todo el cariño y la llevas donde te ha pedido, y la
pones toda guapa y ella ríe y ríe porque le has proporcionado una tarde feliz y en su viaje al pasado se han encontrado con
más alegrías que penas.
Se van con
sus regalos, contentas y agradecidas porque saben que hay un lugar para ellas
donde se sienten queridas, valoradas y apreciadas. Un lugar donde reposar.
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